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Cuando se traduce del inglés a otro idioma, casi siempre, el texto en el idioma de llegada tiene más palabras. Esto se debe a que el inglés es una lengua extremadamente compacta. Por ejemplo, al traducir del inglés al español, un texto puede alargarse hasta un 25%. Esta cifra es sólo una estimación, ya que la ampliación depende, sobre todo, del estilo y el tema del documento.

He aquí un ejemplo de esta “ampliación” que se produce durante el proceso de traducción:

clockwise = 1 palabra en inglés
en el sentido de las agujas del reloj = 8 palabras en español


También se da el caso de lenguas que se amplían al ser traducidas al inglés, por ejemplo el finlandés, el hebreo (en algunas ocasiones) o el alemán.


Si tiene un documento en inglés con una presentación concreta, hay que tener en cuenta que, al traducirlo, su tamaño puede aumentar.


En primer lugar, hay que empezar con muchos espacios en blanco en el texto en inglés, espacios que se verán reducidos con la traducción.

En segundo lugar, es recomendable reducir los márgenes y el tamaño de los tipos de letra, robar espacio en blanco entre texto y columnas y texto y gráficos o, como último recurso, ampliar la cantidad de papel.


En un principio, todas las traducciones se calculan por palabra de origen. Por lo tanto, la ampliación del texto influye en el coste total del trabajo. Por ejemplo, este es el caso de las lenguas alfabéticas. En el caso de lenguas no alfabéticas, como el chino, el japonés, el laosiano o el tailandés, es más difícil calcular la ampliación ya que, en muchas de estas lenguas, no hay “palabras” propiamente dichas, sino símbolos. Estas lenguas están basadas en caracteres en lugar de palabras.


El precio de un trabajo de traducción se calcula a partir de la lengua de llegada, es decir, según el número de palabras resultantes. Algunas lenguas amplían los textos y otras no, y por eso siempre determinamos el precio a partir del recuento final generado por ordenador. Este procedimiento no sólo es el más habitual en el sector de la traducción, sino que también es el modo más preciso de garantizar que el cliente paga un precio justo por lo que se ha traducido.

Algunas lenguas románicas pueden ampliar los textos hasta un 25% o más, así que es importante tener este cálculo en cuenta desde el principio. Tal y como hemos mencionado anteriormente, también es importante no olvidar este factor si se desea maquetar el texto, ya que la traducción puede ocupar más páginas o más espacio que el original en la composición.

Por lo tanto, es muy probable que la factura final sea superior al cálculo inicial. Sin embargo, en lenguas que no alargan los documentos, como el danés, el finlandés o el alemán, los precios suelen ser aproximadamente los mismos que los presupuestados.


Si lo desea, podemos ofrecerle un presupuesto fijo, en el que ya se haya incluido el porcentaje de ampliación del idioma en cuestión, para que sepa que la traducción no le costará “más de X”.

Los presupuestos fijos deben solicitarse en la primera fase del proceso, ya que todos los presupuestos se elaboran, en un principio, a partir del recuento de palabras de origen, teniendo en cuenta la probabilidad de ampliación y que la factura final puede diferir del cálculo inicial.

 

     
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